domingo, 12 de agosto de 2007

Mi pequeño equipaje.


Aquí me asomo, saludando con la mano y haciendo una mueca que intenta ser sonrisa.
Si quieres que me quede, tendrás que darme espacio, lo que traigo conmigo pesa mucho, y no tengo donde dejarlo.

No me botaron de otro sitio, tampoco soy errante ni mucho menos vendedor ambulante, es que me traje todo lo mío, lo que me dieron, lo que sobró, lo que me callo y lo que me escondo. Lo que me gusta y lo que no. Me traje todo… espero no moleste.

Prometo poner todo en su lugar, ser ordenadita y mantener todo limpio. El problema es que ocupa espacio, es mucho lo que llevo.
Por el camino he dejado mucho, pero aún así sigue pesando, a veces más, a veces un poco menos.
El viaje ha sido largo, y todavía me falta, pero mientras hago esta parada, que no sé si es de pasada, quiero que me ayudes con todo mi equipaje.
La llenaré un poco cada día más, si me permites el abuso. Es que mientras más pesa, más entiendo todo, el paso se aligera y el corazón respira.

Espero que aceptes, que no haya inconveniente, aquí vengo pues… con mi maleta de errores, con mi mueca en el rostro, sintiéndome extranjera, buscando refugio, comida caliente y horas de sueño.
Gracias por el recibimiento

1 comentario:

Bárbara Lavestia dijo...

Peor sería darle la bienvenida alguien que ni siquiera reconoce su valija.
Siempre es mejor saber con qué se encuentra una, siempre es mejor reconocer que la vida ha sido dura, y cargamos cicatrices como contenedores sobre nuestros hombros.

Besos, algo tenemos en común...