sábado, 20 de octubre de 2007

Marcos (III parte)


De esa noche habían pasado dos meses. ¡Dos meses Marcos!, gritó internamente. Dos meses de callar, de mentir, de inventar. ¿Y ahora lo resolverás llamando por teléfono?, se dijo mientras volvía a encender otro cigarrillo. Ella estaba lejos, pensó que llamarla sería sensato. Pero ahora todo le parecía absurdo, insuficiente. Esa semana había sido la más difícil de esos meses de engaño. Lo que había estado sintiendo le arrugaba el corazón. Una lágrima se escapó mientras pensaba, e inmediatamente evitó que recorriera totalmente su rostro. Había que terminar con eso.

Sin dudar mas se levantó, dio la última fumada, y abandonó el cigarrillo en la pequeña meseta que estaba al lado del teléfono. Levantó el teléfono y comenzó a marcar. Repicó sólo tres veces antes de que aquella ronca y cautivadora voz le atendiera.

- Hola, soy yo.- Pronunció Marcos con un hilo de voz.

- Hola mi amor, te escucho extraño, ¿sucede algo?- respondió aquella perfecta mujer.

- Debo decirte algo, no sé si tenga el valor de hacerlo en persona.

Contuvo el aliento. No era fácil disimular. Debía construir el valor suficiente. Y así lo hizo. Marcos abandonó aquel inmenso sentimiento, soltó el placer que había sentido, los suspiros guardados por tanto tiempo, la mezcla de querer y culpa. Abandonaba a la mujer que lo vistió de besos, que le otorgó momentos exquisitos, abandonaba la calidez perfecta de noches y días prohibidos, estaba haciendo lo que la lógica y la decencia le indicaban.

-¿qué pasa mi amor?... no me gusta como suena esto.- respondió ella.

-Y a mí no me gusta como estoy dejando algo tan bello como tú.- la lágrima había ya recorrido medio rostro mientras Marcos decía esto.

Continuará

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