viernes, 25 de julio de 2008

Soliloquio

I

Se escuchó el quejido a lo lejos.

Yo, disimulaba el golpe.

Ahora sólo quedan

mis manos como jarra

sosteniendo la sangre.

.....................El fingimiento de mi ardor.


Y aquella risa maldita

Del que golpea y se retira.


20.07.08

2 comentarios:

Rubén Darío Carrero dijo...

Un dolor nuevo con cintas azules. Tus golpes son como escarcha sobre eso que callas y dirás...y tal vez no me sorpendas.

Esa risa maldita amanecerá.

|Andina| dijo...

Cintas azules.
¿cómo lo supiste?.